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Sucedió una noche

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Bronze user
Added by fanny69
October 2, 2015, 4:20 pm → version: 1
Language: Spanish
Average rating:
Sucedió una noche 4 by 4 users
Viewed: 545 times

1

Una noche

Cuando entro en tu habitación estas dormida, ligeramente tapada, mientras que por la ventana abierta se cuela una ligera brisa veraniega. Las sabanas suben y bajan al compás de tu respiración, mientras que la corriente juguetea rozando tu piel delicadamente. Cierro la puerta en silencio, y tú, profundamente dormida, no notas mi presencia. Me quedo de pie, frente a ti, viéndote, delicada y tranquila, disfrutando de tu inconsciencia del mundo. Con mucho cuidado saco las esposas que llevo escondidas y, delicadamente, esposo tus muñecas a la cama. Ahora eres mía, como esas tias buenas que salen en zorrasyputitas.com.

Acaricio suavemente tu rostro con las yemas de mis dedos y, poco a poco, entreabres tus ojos. Cuando me miras una sonrisa se entrecruza por tus labios, pero desaparece nada mas comprobar que estas atada. Tu mirada alarmada me pregunta que sucede, y yo te contesto con tono neutro que esta noche me perteneces. Asumes tu papel con resignación, ya que al fin y al cabo no te queda mas remedio, mientras comienzo a desnudarte lentamente, de forma que sientas a cada instante mis manos recorriéndote, mientras la ropa que te cubre desaparece sin que puedas evitarlo. Finalmente quedas desnuda, desprotegida, expuesta a mis deseos, sin poder hacer nada para evitarlo.

Comienzo recorriendo tu cuerpo con mis labios, besando tus pechos, tu cuello, tus hombros. Sientes como la humedad de mi aliento moja tu piel, como el tacto de mi lengua se pega a ti, se extiende, te envuelve. Al poco tiempo comienzan a escaparse tus gemidos. En ningún momento has querido ponérmelo fácil, pero al final siempre te gano y consigo arrancarte tus gemidos, esos gemidos que tanto me excitan. Lo sabes, pero no puedes evitarlo, siempre te ha gustado que te ganase.

Noto como tu mirada me traspasa la piel, como sin palabras me pides más. Y te lo concedo. Un único y húmedo beso, lleno de amor y ternura. Un beso largo, profundo, lleno de gemidos, de un aliento compartido. Dos lenguas que se recorren con pasión, con prisas e insistencia. Dos bocas unidas formando un único mundo del que dos almas ardientes no desean escapar. Una unión perfecta, que finaliza con dos labios comiéndose mutuamente, devorándose sin fin.

Me separo de ti, mientras aun jadeas relamiéndote tus labios, intentando recuperar el sabor que mi boca ha dejado en ti. Te agitas, deseas más. Darías cualquier cosa por desatarte, por levantarte, abalanzarte sobre mi, cazarme como la leona que eres. Pero hoy no puedes sobornar al carcelero, y la rabia te excita aun más. Noto el calor irradiado de tu interior, la humedad que cada vez te moja más. Pero te dejo sola, sufriendo, deseando mi vuelta, y odiándome por tardar tanto.

Pero finalmente acabo volviendo, con las manos a la espalda, mientras te preguntas que será lo próximo que suceda. Vendo tus ojos pese a que intentas resistirte, sientes curiosidad por saber que he traído en mis manos, por conocer a que te vas a enfrentar. Tienes miedo por lo que pueda hacerte, por lo que te pueda pasar. Pero esta vez no puedes defenderte, y por más que lo intentes eso no va a cambiar. Notas una pausa, larga e incomoda. Sabes que estoy ahí, pero no puedes verme, ni sentirme, ni situarme. En estos momentos no soy más que un fantasma que te aterra.

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Y de repente te estremeces, mientras que notas en tus pechos como algo viscoso se extiende. Preguntas que es eso, pero no obtienes respuesta, y eso te hace desesperarte mas, mientras sientes como cada vez se extiende más, por tu tripa, tus muslos, tus hombros... Y tras unos minutos, notas como se acaba, cuando ya estas prácticamente cubierta. Es entonces cuando libero tus ojos, y en la penumbra notas algo oscuro que cubre tu piel. Me miras alarmada pero, por toda respuesta, lamo un poco de tus pechos y te doy un profundo beso. ¡Chocolate! Exclamas. Y noto como te relajas. Es entonces cuando comienzo a lamerte entera, todo tu cuerpo, lentamente, sin dejarme ni un centímetro. Te saboreo y te devoro, pues eres el más exquisito manjar que he probado nunca.


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